Mi frase




MI Frase
"Cuando la vista se cruza con el deseo, haz que impere la razón".
(José A. Puig)





jueves, 12 de enero de 2017

GRATITUD



Hace pocas fechas estábamos inmersos en las fiestas navideñas y todo lo que en ellas acontecía: obsequios, agasajos, reuniones familiares y de empresa, felicitaciones, etc. Un gran barullo de acontecimientos donde las risas y las despreocupaciones reinaban por doquier. En una de esas reuniones, una señora entregaba un regalo a uno de los presentes, un joven de unos veinte años que lo tomó con una sonrisa esplendida y dándose la vuelta se dirigía a otro lado para abrirlo. En ese momento, la joven que le acompañaba le dijo: supongo que le has agradecido el detalle que ha tenido contigo; el joven la miró con seriedad, y dijo: ¿para qué?
Ese desdén en su contestación me hizo pensar en lo poco agradecidos que somos, y lo mucho que nos cuesta mostrar gratitud por algo recibido. Ese “¿para qué?”, del joven, en respuesta a la pregunta hecha por la joven acompañante, mostraba a las claras que para él, y por desgracia para otros muchos, dar las gracias por aquello recibido, sin ninguna obligación por parte del que lo da, no servía para nada. Ese no servir para nada, o nada va a cambiar por ser agradecido, es en psicología una indiferencia aprendida, un comportamiento pasivo, con la sensación subjetiva, de que no vale la pena responder a pesar de las posibilidades reales de que tu acción haga cambiar situaciones aversivas. La capacidad de experimentar el agradecimiento, es una parte de nuestro carácter que siempre puede mejorarse si lo practicas (Martin Seligman).
El ser agradecido es una asignatura pendiente que debemos recuperar cuanto antes. Es una actitud y un hábito de vida que enriquece al ser humano, es el sentirse bien sin que haya sucedido nada extraordinario. Debemos encontrar, en las vivencias de cada día, motivos de agradecimiento y bienestar por lo que recibimos pues, al hacerlo, observaremos un cambio de perspectiva que puede desembocar en un gran cambio de consciencia.  Ser agradecido es tener la capacidad de apreciar todo lo que tenemos, ya sea tangible o intangible. San Josemaría, siempre decía que hay que dar gracias a Dios por todo, también por los beneficios desconocidos, los que el Señor le hubiera hecho y no alcanzase a ver.
¡Cuántos beneficios desconocidos obtenemos cada día!, sin embargo, no le dedicamos unos minutos a ser conscientes de tanta gratitud perdida.  Uno de los hábitos comunes de las personas felices es el de empezar el día dando gracias por pequeñas cosas para generar una actitud dichosa para el resto de la jornada. Arthur Ward, decía: sentir gratitud y no expresarla es como envolver un regalo y no entregarlo. ¡Cuántos regalos hemos dejado sin dar! El agradecimiento no debe de ser un acto de cortesía, pues si así lo hacemos será solo una palabra que se dice y luego se olvida. El agradecimiento nos hace felices y funciona como una vacuna; hace que no te contagies con un espíritu malhumorado. Es la antitoxina que contrarresta los efectos venenosos de la ingratitud.

José Antonio Puig Camps. AGEA Valencia (Dr. Ingeniero y Sociólogo)
Twitter: @japuigcamps
Publicado 12-01-2017

lunes, 26 de diciembre de 2016

LOS DEBERES: AMENAZA O FORTALEZA



¿Las tareas diarias que realizan los niños al salir del colegio son excesivas? Este es un tema que lleva años debatiéndose y tiene enfrentados a padres y centros escolares desde hace tiempo. La Confederación Española de Asociaciones de Padres y Madres de Alumnos (CEAPA), critica que en los últimos años se haya incrementado el tiempo que los menores han de dedicar en casa a realizar las tareas escolares. Por otra, la Confederación Católica Nacional de Padres de Familia y padres de Alumnos (CONCAPA), considera que no se puede alentar a las familias a no respetar y cumplir las normas educativas, entre las que se encuentran los deberes.
¿Es cierto que en España los deberes extraescolares son negativos para los niños? Para poder dar una respuesta racional veamos, en términos generales, lo que hacen en otros países. En Finlandia (líder europeo en educación), los niños dedican, como mucho, 30 minutos diarios a los deberes. En España llegan a estar hasta tres horas. España, junto a Rusia y Alemania, sigue la tradición enciclopédica donde al exceso de lecciones discursivas y una gran carga de horas lectivas hay que sumar las tareas de propina en el hogar. Total, para cosechar unos resultados muy mediocres. En el modelo anglosajón, con clases mucho más ligeras y mayor autonomía de los estudiantes a la hora de elegir su itinerario académico, apenas ha calado la controversia, pero los gobiernos suelen recomendar que no falten los deberes. Aunque sus resultados tampoco son para tirar cohetes, ni Gran Bretaña ni Estados Unidos pueden presumir de las calificaciones de sus adolescentes según el informe PISA, aunque luego sus universidades marcan la diferencia.
Los modelos más exitosos son el escandinavo y el del sudeste asiático. El primero apenas da importancia a los deberes (aunque los hay), el segundo es tan competitivo que los alumnos necesitan apoyarse con academias privadas para hacer frente a los trabajos extraescolares que exigen, convirtiéndose en una doble jornada agotadora para los estudiantes. Ambos modelos muy distintos, en cuanto a la exigencia y tipo de deberes, pero con unos resultados extraordinarios. Esta situación nos debería plantear un cambio de pregunta, ya no, si se deben o no poner deberes para casa, sino, sí  pueden ser los deberes por exceso o por defecto un factor determinante.
La lista de argumentos a favor de la reducción drástica de los deberes no ha dejado de crecer en los últimos años. El ejemplo de países como Finlandia, Japón, Dinamarca o la República Checa, donde los maestros suelen asignar pocos deberes a sus alumnos, ha espoleado esta reclamación. Sin embargo, los deberes no deben ser vistos como los responsables de los males infantiles, posiblemente se debería considerar la cantidad o el exceso de esos trabajos para casa, pero no su drástica eliminación.
Todos los excesos son malos, pero dosificar adecuadamente los deberes según la edad permitirá al niño crear hábitos de trabajo que promuevan su autonomía y conecten el contexto escolar con la vida en familia. Actividades intelectuales como la lectura, la creación artística, los comentarios a textos…todo ello, según Tomás Andrés Tripero (profesor de Psicología del Desarrollo U.C.), favorecerá la concentración, fundamental para el desarrollo neurológico y cerebral. Una carga desmesurada, es contraproducente pues el niño puede verse abrumado y desbordado. De esa manera, el estudio se convierte en algo terrible y desconcertante, en vez de en una aventura de descubrimiento y placer.
Los deberes deben ser tareas atractivas vinculadas a la realidad del mundo, que ayuden a los niños a reafirmar el aprendizaje que no se haya consolidado en horario escolar o profundizar y ampliar lo que se haya aprendido. Unas tareas inútiles, pesadas y faltas de coherencia son interpretadas como un castigo y no como un aprendizaje. Hay que tener en cuenta que los deberes también sirven para que los padres se enteren de lo que hacen sus hijos, estableciendo con ellos una relación de colaboración y complicidad. Los niños, a su vez, ven que a sus padres les preocupa lo que hacen en la escuela y que se implican en sus problemas. Es así como una amenaza (los deberes),  puede convertirse en una fortaleza en las relaciones familiares.


José Antonio Puig Camps. AGEA Valencia (Dr. Ingeniero y Sociólogo)
Twitter: @japuigcamps
Publicado 26-12-2016

viernes, 9 de diciembre de 2016

VOLVER A CONECTAR CON DIOS



Los cambios, profundos y acelerados, que rápidamente se extienden por el universo entero, son fruto de la inteligencia y el dinamismo creador del ser humano. Unos cambios que han producido en nuestras vidas una verdadera metamorfosis social, cultural, política y económica que, irremediablemente, ha repercutido en la vida religiosa. Una vida que a los largo de los años ha sido abandonada por todos los humanos, olvidándonos de aquellos principios y valores que permitieron conseguir un mundo más civilizado. De esta forma, el mundo moderno aparece a la vez poderoso y débil, osado y cobarde, capaz de lo mejor y de lo peor. Un mundo que, ante la falta de fe y esperanza, nos está dirigiendo al precipicio de la ignominia. El ser humano ha dado la espalda a Dios, y un mundo sin Dios es un mundo sin esperanza.
En la mitad del siglo pasado el espíritu secularizador asumido por los gobiernos descristianiza Europa con sorprendente rapidez, y el nuevo siglo XXI se podría definir cómo post-cristiano. La mayor evidencia de nuestra condición post-cristiana es que en pocas décadas hemos cambiado de una religión de credos confesionarios a la espiritualización de necesidades personales. Unas necesidades egoístas que podríamos calificar como enfermedad del alma. Una enfermedad que San Juan Pablo II, en su Exhortación Apostólica “La Iglesia en Europa” -28 junio 2003-, define como enfermedad terrible de nuestro tiempo que no es otra cosa que la pérdida del gusto por vivir, que nos ha llevado a una pérdida de la memoria y de la herencia cristiana. Una vida sin Dios que lleva, a un vacío interior y pérdida del sentido de la vida; a un dramático descenso de la natalidad en el Viejo Continente Europeo; a una resistencia o rechazo claro para tomar decisiones positivas en favor del derecho a la vida de otro ser humano; a no reconocer los valores del matrimonio y la familia…, y donde se pretende disfrazar de progreso la solución laicista para muchos de esos problemas.
Los padres de Europa, responsables del impulso inicial de la aventura europea, como Robert Schumann, Konrad Adenauer y Alcide De Gásperi -entre otros-, fueron hombres católicos que establecieron las bases de la construcción europea, y que apoyaban un proyecto del destino de Europa hacia un humanismo que conforma las raíces cristianas, históricas y culturales. Sin embargo, el intento de introducir explícitamente el término “raíces cristianas” en la discusión de lo que debería haber sido la Constitución de la Unión Europea, no tuvo lugar en ese texto. Sin ese cristianismo que ha contribuido poderosamente a la configuración de Europa y que le dio su auténtica grandeza, ¿Qué queda, afirman muchos, sino desesperanza en los corazones y nihilismo en el pensamiento? ¿Acaso podría siquiera hablarse en el mundo de democracia y de derechos humanos universales sin la matriz cristiana que los generó?
Preguntas que van teniendo respuesta cuando vemos actuaciones y declaraciones que avivan la presencia de Dios. La primera ministra de Alemania Ángela Merkel, en su visita a la Universidad de Berna –Suiza-, indica oficialmente que Europa necesita volver a sus raíces y conectar con Dios y la Biblia para sortear la crisis actual de la inmigración, que tiene contornos religiosos. El aumento de población musulmana, debido a la inmigración, está causando que muchos europeos que antes eran solo “culturalmente cristianos” estén empezando a sentir el cristianismo como una seña de identidad. Si antes había un gran consenso en que la religión debía quedar al margen de la vida pública, cada vez más voces defienden ahora lo contrario. Por otra parte, ya hay estudios que demuestran contundentemente que las minorías cristianas se están haciendo más activas y reivindicativas. Este fenómeno muestra claramente que los cristianos en Europa están volviendo a una situación estructuralmente parecida a la de los primeros siglos: una Iglesia minoritaria y perseguida con una profunda fe que además da a sus miembros sus señas de identidad.

José Antonio Puig Camps. AGEA Valencia (Dr. Ingeniero y Sociólogo)
Twitter: @japuigcamps
Publicado 08-12-2016