Mi frase




MI Frase
"Cuando la vista se cruza con el deseo, haz que impere la razón".
(José A. Puig)





miércoles, 22 de febrero de 2017

LA JUSTICIA HUMANA



Estos últimos días hemos ido conociendo sentencias judiciales de casos tan famosos como: el caso Gürtel o el caso Nóos. Dos sentencias judiciales que han dejado perplejas a muchas personas. Me explico, en el primer caso se condena a Milagrosa Martínez a nueve años de prisión por el trato de favor al grupo Correa y amañar contratos del expositor de la Comunidad Valenciana en Fitur; en el segundo caso, se absuelve a la infanta Cristina (considerada responsable como partícipe a título lucrativo) y se condena a su esposo Iñaki Urdangarin a 6 años y 3 meses de cárcel (una rebaja considerable de los 18 años que pedía el Ministerio Fiscal) por prevaricación, malversación de caudales públicos, fraude a la Administración, blanqueo de capitales, falsedad en documento público, falsedad en documento mercantil y dos delitos fiscales. Es decir, por un trato de favor y amañar contratos 9 años. Por malversar caudales públicos fraude a la administración, etc., etc., 6 años; y la infanta sin condena alguna.
Sin ánimo de crítica, sino tan solo de perplejidad, me ha llamado la atención que aparentemente menos culpas, produce más castigo que otras en comparación mayor, por lo menos bajo el punto de vista del Ministerio Fiscal. Si la justicia es, según John Rawls, la primera virtud de las instituciones sociales, no se puede entender que juzgue de manera distinta según quién sea el sujeto a sentenciar. Llegados a esta cuestión, el pensamiento humano se pregunta si es justo que lo justo sea obedecido, aunque, ciertamente, sería poco justo entrar en ésta dinámica laberíntica que se va alimentando de la propia incoherencia de la justicia. Es mejor, por lo tanto, evitar dinámicas aviesas y aceptar que lo conveniente es obedecer, porque son leyes; al igual que hay que obedecer a los superiores, a la autoridad, etc., no porque sean justos, sino porque son superiores, autoridad, etc. Así, se hace comprender y se evita toda rebelión que, en el fondo, es la definición misma de la justicia humana.
Al plantearnos si la justicia humana es justa, la mayoría pensará que no. Esa mayoría acierta. La justicia humana es “justitia hominis”, la de devolver bien por bien y mal por mal, que fundamentada en el egoísmo y el orgullo produce como fruto la frustración. La justicia divina es “justitia Dei”, la de devolver bien por mal, y tiene como esencia y fundamento al amor; su fruto en nosotros es la fe. La justicia humana no es por completo lo justo, ni toda la justicia que buscamos. Consistiendo la justicia en lo justo, en lo igual y en un cierto medio –ni en un extremo ni en otro-, Aristóteles establece que lo justo sólo puede ser lo justo entre ciertos seres, lo igual no puede ser igual sino para ciertas cosas, y el medio sólo puede ser el medio también entre ciertas cosas. De aquí se deduce, que la justicia y lo justo son relativos a ciertos seres y a ciertas cosas. La búsqueda de la justicia humana se podía comparar al uso de unas muletas que aseguran el paso en el camino hacia la búsqueda de la justicia divina, en la búsqueda de la plenitud del amor.


José Antonio Puig Camps. AGEA Valencia (Dr. Ingeniero y Sociólogo)
Twitter: @japuigcamps
Publicado 22-02-2017

sábado, 11 de febrero de 2017

FIDELIDAD



La fidelidad es la capacidad espiritual, el poder o la virtud de dar cumplimiento a las promesas. El que promete corre un serio riesgo porque se compromete a actuar con rectitud, nobleza, honestidad y lealtad a un determinado deber, y lo hace de forma voluntaria y consciente. Esa fidelidad delicada, operativa y constante -que es difícil, como difícil es toda aplicación de principios en nuestras vidas- es la mejor defensa de la persona contra la pobreza de espíritu, la dureza de corazón o la atrofia de la mente.
Es de vital importancia que nosotros comprendamos totalmente lo que es, e implica la fidelidad, pues de ella dependen muchas de las bendiciones que tendremos y también mucho de lo que no tendremos. El pasaje evangélico dice, que si soy fiel en lo poco, también lo seré en lo mucho; o sea, que no llegaré a lo mucho, sino soy fiel en lo poco. Una fidelidad presente tanto en los grandes acontecimientos, como en las pequeñas cosas de nuestra existencia.
La fidelidad solo se puede demostrar por medio de la obediencia al mandato, es así como la Biblia lo presenta en algunas ocasiones. La fidelidad es constancia, no son propósitos incumplidos, es terminar eso que comenzamos. Se confunde, a menudo, la fidelidad y el aguante. Aguantar significa resistir el peso de una carga, y es condición propia de muros y columnas. La fidelidad supone algo mucho más elevado: crear en cada momento de la vida lo que uno, un día, prometió crear. Pero hoy se glorifica el cambio, término que adquirió últimamente condición de "talismán", que nadie osa ponerlo en tela de juicio. Frente a esta glorificación del cambio, debemos grabar a fuego en la mente que la fidelidad es una actitud creativa y presenta, por ello, una alta excelencia.      
Ser fiel casi parece imposible y algo pasado de moda. En esas circunstancias hablar de la fidelidad se hace difícil y la influencia del medio ambiente es muy negativa. Pero, la vida es siempre una elección: entre honradez e injusticia, entre fidelidad e infidelidad, entre egoísmo y altruismo, entre bien y mal. Aunque muchas personas se muestren reacias a mantener los compromisos asumidos libremente, estamos llamados a demostrar la fidelidad con las palabras y los hechos en los diversos campos de nuestra vida: relaciones sociales, profesionales, familiares y religiosas. Es cierto, que permanecer leales siempre y en todos los aspectos de nuestras relaciones no es nada fácil y exige sacrificio, porque la escuela de la vida no es una marcha triunfal, sino un camino salpicado de sufrimientos y de amor, de pruebas y de fidelidad que hay que renovar todos los días. Puesto que la sociedad de hoy es indulgente con la inobservancia de la palabra dada, es necesario restituir el honor social a la fidelidad del amor.
La perseverancia que pide la fidelidad no es monotonía o inercia. La vida es una continua sucesión de impresiones, pensamientos y actos; nuestra voluntad, afectividad e inteligencia cambian constantemente de contenidos. Pero, por encima de cualquier cambio, el ser humano tiene el poder de meditar y valorar cuales son los episodios decisivos de su vida, jerarquizarlos, para ser coherente con su trayectoria de vida elegido. Lo contrario, solo puede concentrarse en las experiencias del momento y acaba en lo superficial y en lo inconstante. Como dice San Pablo, “Todo me es lícito. Pero no todo conviene. Todo me es lícito. Pero no me dejaré dominar por nada”.

José Antonio Puig Camps. AGEA Valencia (Dr. Ingeniero y Sociólogo)
Twitter: @japuigcamps
Publicado 11-02-2017

domingo, 29 de enero de 2017

¡SI, QUIERO!



¿Por qué se enamoran las personas? La respuesta parece obvia. Muchos diremos que el amor expresa una atracción física y personal que dos personas sienten el uno por el otro. Solemos pensar que el enamoramiento es una experiencia que procede de sentimientos humanos universales. Parece natural que una pareja enamorada desee realizarse personal y sexualmente a través de su relación, y quizá mediante el matrimonio. Sin embargo, enamorarse no es una experiencia que tengan la mayoría de los  habitantes del mundo y, de tenerla, no suele vincularse al matrimonio.
Son muchos los que piensan que el enamorarse de otra persona tiene, de inicio, poca explicación. Estudios hechos por la National Health and Social Life Survey, 2012 dan a conocer los cinco factores más importantes que explican por qué una persona se enamora de otra: Su familiaridad, patrones que se repiten en el sujeto y que hacen que desde el inicio de la relación se tenga confianza en él/ella. La proximidad geográfica, es otro factor importante de relación de pareja pues cuando uno de los dos vive lejos, esa relación tiende a fracturarse. También se incluye el factor de las semejanzas, es decir, compartir cosas en común para una mejor relación: creencias, valores, actitudes. Otro factor es el de la reciprocidad, saber que le gustas a tu pareja, y viceversa, es un factor que da seguridad y autoestima. Por último, la atracción, un aspecto poco estudiado pues como se suele decir “hay para todos los gustos”.
Cuando la pareja se decide a decir el ¡sí, quiero!, debe darse cuenta que ese paso es solo el comienzo de un proceso que puede o no acabar en verdadero amor, y que dependerá en gran medida del conocimiento y el trato que vaya teniendo de la otra persona, conocer sus gustos, preferencias, objetivos etc. Es decir, deberán tener intimidad, un lazo místico de amistad, entrega y comprensión que parece desafiar toda explicación. Ocurre cuando un hombre y una mujer, que son individuos separados y diferentes, se combinan en una sola unidad que la Biblia llama “una carne”. Un proceso, donde se va produciendo la maduración de ese amor inicial para convertirlo en una amor sólido donde se cimiente una relación duradera y de entrega, dando paso en muchas ocasiones a un proyecto de vida en común o de familia.
Transcurrido un cierto tiempo, se pasa de la euforia del comienzo a la tranquilidad de la vida cotidiana, después de varios años de convivencia se produce el cansancio y el deterioro de algunas parejas que no han puesto los medios para evitarlo y esto junto con la rutina puede conducir al final de la relación. Para que esto no ocurra y mantengamos la ilusión y entusiasmo, es preciso cuidar día a día nuestra vida en común, intentando que cada día sea un nuevo día en que nos digamos, lo mucho que nos queremos, lo mucho que deseamos estar junto, lo mucho que nos necesitamos; esos besos y caricias que no deben ni pueden estar ocultos, pues el verdadero amor no puede estar oculto, sino no es verdadero amor. Un nuevo día en que nos volvamos a decir, con mayor fuerza y seguridad: ¡Sí, quiero!, si quiero seguir contigo y espero los momentos del día en que tú y yo mirándonos, sin hablar, transmitimos nuestro amor. No importará la edad, ni la salud, ni la pobreza, ni ninguna otra circunstancia que pueda quebrantar nuestro amor y que pueda dejar en el baúl de los malos recuerdos ese, ¡Sí, quiero!

José Antonio Puig Camps. AGEA Valencia (Dr. Ingeniero y Sociólogo)
Twitter: @japuigcamps
Publicado 29-01-2017